TORO, D.O. (CASTILLA Y LEON)
Sus, aproximadamente 5.500 hectáreas, están repartidas entre doce municipios de la provincia de Zamora y tres de la vecina Valladolid. En la actualidad está repartida en dos grandes zonas de producción, una situada en la margen izquierda del río Duero, que incluye la comarca de Tierra del Vino y la otra del lado derecho del río Duero, con núcleo en Toro y viñedos al norte, lindando con los páramos de Tierra del Pan y Tierra de Campos y al sur con el valle del Guareña.
La altitud de la zona está comprendida entre 620 y 750 m, terrenos ondulados y orientados al norte, lo que les sirve de protección de cara a los periodos más calurosos del verano. Sus suelos son pardos o pardos – amarillentos. Son suelos con excelentes condiciones de drenaje y buena capacidad de retención del agua, por lo que facilita la buena penetración del aire y de las raíces. Pobres en materia orgánica y nutrientes. Condiciones ideales para la producción de vinos finos y elegantes.
Las condiciones climáticas de esta Denominación de Origen son claramente continentales extremas y secas, con muy pocas precipitaciones, rondando los 400 mm anuales. Las horas de insolación varían entre las 2600 y las 3000 horas anuales. La altitud a la que se encuentran los terrenos, hace que los rigores del sol sean menores y con ello se agudicen los aromas en los frutos, dando, con ello, elegancia a sus vinos.
Aunque ya en tiempo de los romanos se cultivaba la vid en la cuenca del río Duero, en esta zona, fueron los monjes de los alrededores de la ciudad de Toro, allá por el siglo XIII, cuando comenzaron la verdadera elaboración de vinos de la zona. Siempre fueron unos caldos recios, toscos y un tanto alcohólicos y esa es la imagen que a perdurado hasta nuestros días. Todo lo contrario a lo que son hoy en nuestros días.
Variedades de uva autorizada:
- BLANCA: la “malvasía” y la “verdejo”.
- TINTA: la “tinta de Toro” (un clon bien adaptado de la tempranillo) y la “garnacha”.
Ha sido en esta última década cuando la Denominación de Origen Toro, ha dado un vuelco espectacular en la elaboración de sus caldos. La llegada de nuevas inversiones, así como las propias de la zona, en nuevas técnicas y nuevos materiales, han hecho de esta denominación una de las de mayor proyección a futuro dentro del ámbito nacional e internacional del vino. Sus vinos, antes rudos y bastos, han pasado a ser vinos bien estructurados, carnosos y con gran concentración frutal, capaces de competir en calidad y sobre todo en precio, con sus primos de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Todo esto a llevado al desembarque de grandes grupos bodegueros, deseosos de encontrar en esta zona y con su variedad tinta de Toro, ese vino carnoso y frutal que tanto gusta hoy en día.
Las catas realizadas hoy en día, tanto a nivel nacional como internacional, nos están diciendo que todo lo realizado e invertido en estos últimos años, están empezando a dar sus frutos.



