TIERRA DE LEON, D.O. (CASTILLA Y LEON)

Esta Denominación de Origen ha pasado por varias etapas hasta llegar al actual reconocimiento. Desde la Orden Ministerial del 1 de Agosto de 1979, se venía conociendo como comarca de Valdevimbre-Los Oteros, por la que se regulaba la calidad, edad y crianza de los vinos de esta zona. Zona bastante más pequeña que la actual denominación y sólo con municipios de la provincia de León. Es en 1988 cuando el nombre de Valdevimbre-Los Oteros aparece asociada a la mención de Vinos de la Tierra y desde 1992, su zona de producción se amplía hasta incluir en dicha mención algunos municipios de la provincia de Valladolid. Pero fue a través de la orden Ministerial AYG/1939/2004 de Diciembre del 2004 cuando consiguió el reconocimiento como Vino de Calidad de Tierra de León y se aprueba su reglamento. El 27 de julio de 2007 salió publicado en el B.O.C.y L. Nº 146 la Orden AYG/1263/2007, de 11 de julio, por la que se reconoce el v.c.p.r.d. Denominación de Origen “Tierra de León” y se aprueba su Reglamento.
La zona está delimitada por 69 municipios de la provincia de León y 19 de la provincia de Valladolid. Son los terrenos comprendidos en estos términos los que tienen que cumplir con los criterios exclusivamente técnicos y que se consideren aptos para la producción de las variedades autorizadas, con la calidad necesaria para ser destinadas a la elaboración de vinos con esta Denominación.
Los suelos sobre los que se asientan las, aproximadamente, 2.500 hectáreas, varían mucho dependiendo de su ubicación dentro de la zona, es decir, los suelos de la Meseta Leonesa varían de los más groseros en los bordes hasta los más finos en el centro. Van descendiendo desde los 1000 metros de altitud, con suelos de morfología plana y arenosos- limosos. Por debajo de los 900 y debido al desmantelamiento de los ríos Orbigo, Esla y Cea, son suelos de escasa fertilidad, pobres de materia orgánica y con buena aireación y drenaje debido a la distribución de la pedregosidad en todo su perfil. Su mejor aptitud o no para el cultivo de la vid, depende de la concentración de arcilla y del contenido de caliza. Las terrazas y las vegas, son terrenos con cantos rodados, gravas, arenas y en menor proporción limos y arcillas. Los suelos en las vegas, son aluviales. Se pueden distinguir varios niveles, el actual formado por conglomerados y limos arcillo-arenosos, otro, compuesto por conglomerados, arenas y arcillas y un tercero comprendido por limos arcillosos con cantos. Los suelos de la Vega, aún siendo ricos para la agricultura, no son suelos demasiado aptos para el cultivo de la vid, debido a su proximidad de la capa freática y la incidencia de las heladas en estos niveles. Por último, están los suelos de la Campiña. Estos suelos abarcan la zona de los Oteros y la Tierra de campos. Son relieves con suaves ondulaciones y está formada por materiales terciarios, de más gruesos a finos. Los de Tierra de Campos están formados por margas, arcillas, areniscas y conglomerados calcáreos, mientras que los de Los Oteros, son más gruesos y la componente de arcilla es menor. En general, son suelos aptos para el viñedo de calidad, es aquí, donde, normalmente, siempre se ha situado, tradicionalmente, el viñedo.
El clima es, típicamente, continental, con temperaturas extremas y un amplio período de heladas, veranos calurosos y secos, presenta una escasa pluviometría que se concentra en el otoño y la primavera: que viene definida por una pluviometría cercana a los 500 litros anuales en la parte más al norte y disminuyendo, sin superar los 400, según se va descendiendo hacia el sur.
Variedades de uva autorizada:
- BLANCAS: la “albarín blanco”, la “godello”, la “malvasía”, la “palomino” y la “verdejo”.
- TINTAS: la “mencía”, la “prieto picudo”, la “tempranillo” y la “garnacha”.
Se elaboran vinos blancos, rosados y tintos. Los blancos con una graduación alcohólica mínima de 10,5º, con el 100% de variedades blancas, de las cuales, el 50% han de ser variedades principales. Los rosados de 11º han de estar formados por un mínimo del 60% de variedades tintas principales y el resto por tintas o blancas complementarias. Los tintos de 12º han de estar elaborados por el 60%, como mínimo, de las variedades tintas “prieto picudo” o “mencía”, pudiendo ser el resto, las variedades tintas complementarias.



